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Fe, trabajo y sociedad


Servir a Dios en la iglesia y comprometernos en acciones solidarias para ayudar a los más necesitados son dos áreas de desafío que resultan bastante comunes. La mayoría de los cristianos ven estos dos desafíos como una parte bastante central de su vida de fe.


El gran avance del secularismo en la sociedad occidental ha insistido en que la fe pertenece solamente al ámbito de lo privado, y que no debería influir en la vida pública del creyente. El secularismo plantea algo así: "Está bien que cada uno crea lo que piensa que es verdad y haga lo que quiera con sus creencias personales, siempre y cuando lo haga en privado". Pero la Biblia nos dice justamente lo contrario. La vida de fe se fortalece en la intimidad personal con Dios, pero es puesta a prueba cuando se aplica a las circunstancias generales de la vida.


En el Sermón del monte, Jesús enseño lo siguiente:


"Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa. De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todo vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos" Mateo 5:14-16

No tiene sentido esconder la fe. Al contrario, Dios nos anima a demostrar nuestra fe aun cuando hacerlo pueda acarrear peligros inminentes. Por eso, una de las mayores formas de alumbrar al mundo es poner en práctica nuestra fe en todos los ámbitos de nuestra vida.


Quiero analizar un área incluida en el mandato cultural, que muchas veces se ha descuidado. La vida del cristiano no debe quedar encerrada en el servicio en la iglesia y en la ayuda a los más necesitados. En realidad, aplicar la fe en todas las áreas de la vida incluye también el trabajo y la participación en la sociedad.


Si no incluimos estas áreas, podríamos caer en la tentación de pensar que la fe se vive solo los domingos. Lamentablemente muchas veces los cristianos vivimos la fe solamente cuando vamos a la iglesia, y el resto de los días, en el mejor de los casos, intentamos ser buenas personas donde sea que nos movamos, disimulando muy bien nuestra vida de domingo. Muchas veces nos cuesta ver que Dios nos llama a alumbrar al mundo con nuestra fe en el contexto laboral y siendo parte activa de la sociedad donde vivimos.


El cristiano y el trabajo

Una de las características de un discípulo maduro de Jesús es que puede articular su fe en sus actividades y vocaciones promoviendo el reino de Dios fuera del ámbito eclesial. Ya se ha dicho que la fe no es un accesorio de fin de semana, sino una parte esencial de la vida y de nuestro existir. Pero también es cierto que muchas veces relegamos la fe cuando vamos al ámbito laboral porque "durante la semana no tengo tiempo". Con resignación decimos: "El fin de semana tendremos más tiempo para Dios y la iglesia". Así que, aunque no lo digamos oficialmente, nos cuesta encontrar la manera de armonizar a Dios con nuestros días laborales ajetreados.


Algo interesante en la actualidad es que encontramos dos posturas muy distantes y contradictorias acerca del trabajo. Hay quienes detestan el trabajo y otros para quienes el trabajo resulta ser una adicción. Muchas personas viven quejándose por tener que trabajar y sueñan con el día en que dejen de hacerlo. Otras personas aman tanto el trabajo que pierden la noción del tiempo, olvidan la importancia del descanso y relegan a sus familias y amistades con tal de dedicar más tiempo a su trabajo. Pero...

  • ¿Dónde nos ubicamos como cristianos en medio de estos extremos negativos?

  • ¿Hay una forma sana de concebir el trabajo?

  • ¿Qué dice la Biblia al respecto?

Muchas veces escuchamos a personas decir que el trabajo es una maldición, ya que Génesis 3:17-19 dice: "Puesto que accediste a lo que te dijo tu mujer, y comiste del árbol de que te ordené que no comieras, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Te producirá espinos y cardos, y comerás hierbas del campo. Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado; porque polvo eres, y al polvo volverás".


Sin embargo, si examinamos bien este pasaje, nos daremos cuenta de que la enseñanza es otra. Lo primero que podemos mencionar es que antes de la caída el pecado de Adán y Eva ya existía el trabajo. Génesis 2:15 dice claramente: "Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara". Además, la Biblia describe a Dios como alguien que trabaja. En Juan 5:17 Jesús dice: "Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo". Muchas personas consideran que la vida perfecta es la vida sin trabajo. Pero antes de la aparición del pecado, cuando la vida era verdaderamente perfecta. Adán y Eva trabajaban.


Entonces, lo primero que debemos concluir no es que el pecado haya sido la causa del trabajo, sino que el pecado arruinó nuestro trabajo agregándole esfuerzo y sudor. La tierra fue maldecida por causa del pecado y espera ser librada de esa maldición en la vida celestial y eterna igualmente trabajaremos, aunque sin esfuerzo agotador ni sudor.


Ahora bien, si el trabajo es creación de Dios, y Dios no lo creó para maldecirnos, entonces concluimos que el trabajo es una bendición. Pero lamentablemente muchos cristianos terminan pensando que la única bendición del trabajo es el salario a fin de mes. Esto no es lo que enseña la Biblia. En 2 Tesalonicenses, Pablo exhorta a los cristianos a continuar trabajando, aun si pensaban que el mundo estaba por terminar. Pablo llega a decir: "Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma" (2Ts. 3:10).


El problema era claramente que algunos holgazanes se negaban a trabajar. Pero al parecer el problema no era solamente que no tenían para comer y pedían comida a los demás, sino que su egoísmo les impedía utilizar sus dones y talentos para promover el bienestar social. Al final de ese pasaje, Pablo concluye: "A tales personas les ordenamos y exhortamos, por nuestro Señor Jesucristo, que simplemente se pongan a trabajar y se ganen su propio pan. Y ustedes, hermanos no se cansen de hacer el bien" (2Ts. 3:12-13). La conclusión de Pablo no fue solo que trabajaran para ganar su salario, sino para hacer el bien. En la misma línea de pensamiento, en Efesios 4:28 Pablo agrega otra motivación para trabajar: "El que antes robaba, que no vuelva a robar; al contrario, que trabaje y use sus manos para el bien, a fin de que pueda compartir algo con quien tenga alguna necesidad".


Hasta aquí hemos visto que el trabajo es una bendición que Dios nos concede y una oportunidad, no solo para obtener un salario y sostener a nuestra familia, sino también para hacer bien a la humanidad.


Pero, además la Biblia nos anima a trabajar no solo para nuestros jefes terrenales, sino para Dios mismo. Usando la analogía de los esclavos y los amos, Pablo dice: "Ustedes los siervos, obedezcan en todo a sus amos terrenales, no sólo cuando los ven, como si quisieran agradar a sus semejantes, sino con sinceridad de corazón, por temor a Dios. Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no como para la gente, porque ya saben que el Señor les dará la herencia como recompensa, pues ustedes sirven a Cristo el Señor" (Co 3:22-24). Esto implica que el trabajo es un llamado de Dios y una oportunidad de servir a Cristo. Para el cristiano, el trabajo no es un accesorio a su fe, sino una forma de agradar a su Dios.


El trabajo es el propósito de Dios para nuestra vida y es una forma en que podemos ser útiles para la humanidad que nos rodea, aportando nuestro esfuerzo para que el mundo sea un mejor lugar. El trabajo no debe ser medido por cuánto dinero ganamos, sino por la manera en que cumplimos el propósito de Dios sirviendo a la humanidad. Entendido desde el punto de vista de la fe, el trabajo es un acto de adoración a Dios y un acto de amor al prójimo.



¿Qué significa trabajar para Dios?

En Efesios 6:7, el apóstol Pablo dice: "Cuando sirvan, háganlo de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres". ¿Podríamos aplicar este principio a cualquier trabajo? Pablo lo incluyen en la sección donde se refiere a los esclavos y su relación con sus amos. Les dice que su verdadero jefe es Dios. La enseñanza teórica es interesante, ¿pero cómo podemos aplicar esta verdad en trabajos donde tenemos un jefe humano?


Algunas veces, al reflexionar acerca del llamado cristiano, podemos caer en la tentación de concluir que el trabajo por excelencia de todo cristiano es ser pastor o misionero. Tal como hemos visto en la sección que se refiere a los dones, Dios ciertamente llama a algunas personas a ser pastores y misioneros. Pero en ninguna parte de la Biblia se implica que los demás cristianos solo trabajan para poder solventar económicamente la vida de la iglesia y las misiones. Dios nos llama a cada uno de nosotros a servirlo a través de nuestra vocación.


El autor Wilbur Madera lo expresa bien de este modo:

"No importa cuál sea tu ocupación (lícita, por supuesto), si cambias tuberías o reparas computadoras, si cambias pañales o vendes artículos, si enseñas a niños o recoges basura, si diriges al personal de una empresa o lavas y planchas, cuando trabajas puedes glorificar a Dios con lo que haces. Más allá del salario, de lo popular de tu trabajo, de lo monótono y cansador que pueda ser, recuerda: Eres siervo de Cristo. Estás adorando a Dios al trabajar".


Con este concepto en mente, podemos analizar toda ocupación lícita y descubrir la manera en que un cristiano puede honrar a Cristo. Un abogado honra a Dios cuando aboga por la justicia verdadera, sin torcer la ley humana ni olvidar la Ley de Dios. Un artista trabaja para reflejar la belleza de Dios en sus obras y alegrar la vida cotidiana de sus clientes. Un comerciante se especializa en poner al alcance de la gente productos y servicios que bendigan sus vidas. Un hombre o mujer que trabaja en casa honra a Dios procurando criar bien a sus hijos y manteniendo el hogar en funcionamiento. Un empleado de limpieza en una ciudad honra a Dios cuidando la naturaleza, preservando la belleza de la ciudad y previniendo accidentes de los ciudadanos. Las vocaciones en el área de la medicina honran a Dios atendiendo a los enfermos y promoviendo el cuidado del cuerpo que Dios nos ha dado. El listado podría seguir, pero lo importante es tener algunos ejemplos para luego descubrir la mejor manera en que puedes honrar a Dios a través de tu vocación y tu trabajo.


Artículo tomado con permiso del libro Crecimiento integral en la fe: discipulado para todas las esferas de la vida. Guillermo Mac Kenzie. Proyecto Nehemías (Pág. 173-178). Todos los derechos reservados.

 
Crecimiento integral en la fe: discipulado para todas las esferas de la vida. Guillermo Mac Kenzie. Espíritu, mente, carácter, acción, cultura.
Fe, trabajo y sociedad

Guillermo Mac Kenzie

Posee una Maestría en Teología y un Doctorado en Ministerio, por Covenant Theological Seminary, Estados Unidos. Sirvió como pastor en varias congregaciones, incluyendo un ministerio carcelario y como Secretario General del Presbiterio San Andrés en Argentina. Profesor afiliado en el Sioux Falls Seminary, así también docente en otros seminarios. Actualmente, pastorea la Iglesia Presbiteriana Nuevo Avivamiento, una iglesia multicultural en Buenos Aires. Sirve como traductor de literatura bíblico-teológica para el Proyecto Nehemías. Co-fundador de Misión Beta, promoviendo la plantación y revitalización de iglesias.
















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