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El ministerio universitario es mas urgente de lo que imaginamos

¿Lo sabías? Imagino que si.


Primera escena:

Alguien pregunta: -¿Qué sabes de Adriana? ¡Ah! ¿Y de Felipe?

Alguien contesta: -Ni idea, la verdad es que desde que entraron a la universidad algo les pasó... no han vuelto, sé que ella dejó de servir y que anda con un tipo de la U; y de él me dicen que anda de fiesta en fiesta...


Segunda escena:

Alguien pregunta: -Natalia, ¿Qué vas a estudiar?

Natalia: -Creo que psicología.

Alguien le responde: -¡No!.. ¡Por favor humanidades no, ¡y menos esa!; dos niñas de la alabanza estudiaron eso y se enfriaron, seguro te apartas del Señor en esa carrera... Natalia queda pensativa.


Tercera escena:

-Dani, ¿cuento contigo para la reunión de jóvenes?

Dani responde: -No, ya no quiero, no tengo tiempo por la U y la verdad es que ya no me siento tan seguro de estar aquí y de todo esto. Creo que estuvo bien de niño y de teen, pero ahora no sé... necesito un tiempo... hay cosas que estoy pensando desde que estoy en la U y quiero esperar... yo te aviso.


Cuarta escena:

Alguien me pregunta en un evento de liderazgo juvenil: -Natalia, ¿en verdad se ven resultados con los universitarios? ¿No son orgullosos y difíciles? ¿Por qué no esperamos a que lleguen a su rol profesional en vez de perder tiempo con ellos? ¿No será mejor que salgan, se lastimen, aprendan solos y luego vuelvan?


Si trabajas con universitarios conoces estas escenas. Todas reflejan diálogos usuales en cuanto al ministerio con universitarios y todas son difíciles pero te confieso que quizás la que más me alarma es la cuarta. ¿Es posible que los líderes cristianos alberguemos tanto cinismo? La frialdad y argumentos de quienes me dijeron esas palabras me impactaron y llenaron de más «fuego» por hacer algo para despertar a la iglesia sobre la importancia de trabajar por los universitarios.


Estos cuatro simples ejemplos son casos de la vida real y me permiten ilustrarte un poco sobre algunas razones por las que considero que el ministerio de universitarios es vital en la iglesia actual. Estas razones deben arder en nuestro interior si queremos liderar universitarios.


La primera es que no vemos a los universitarios de manera intencional y esto hace que desconozcamos sus necesidades al asumir que no deben tener un espacio propio porque ya son mayores de edad. Verlos como adultos hace que olvidemos que ellos aún están en desarrollo, que necesitan dirección y que se encuentran en un momento vital de sus vidas para lograr terminar de definir su identidad y su propósito. Si son invisibles a nuestros ojos y los dejamos solos en ese proceso de iniciar y culminar su formación profesional, más aún cuando están rodeados de presiones fuertes por su entorno académico, social, familiar y emocional, aseguramos que su final no solo no sea feliz, sino lo más grave, que sea diferente al final que Dios puede estar soñando para ellos.


Creo que es vital tener un trabajo ministerial con esta edad porque no hacerlo abre la puerta a que tomen una cantidad increíble de malas decisiones que pueden arruinar el futuro de sus vidas y sus familias por varias décadas. Muchos de nosotros hemos visto cómo de un momento a otro los niños que crecieron en la iglesia y que fueron adolescentes apasionados por Dios y por servir, de repente dejan de asistir, empiezan a dudar de su fe y prefieren buscar respuestas afuera dejando a un lado no solo a la iglesia y a su familia en algunos casos, sino lo más grave: a Dios. El ver esta realidad ya amerita con urgencia que hagamos algo por arraigarlos en Dios para que no se pierdan en las confusiones de la sociedad secular.


Ligado a lo anterior, en segundo lugar veo con dolor que para algunos líderes perder a los universitarios de su iglesia o verlos enfriarse en su fe es algo que se les volvió tan normal que hasta esperan que ocurra y dicen: «¡Obvio! Eso pasa, es una etapa más», «Se debe a la carrera o a la universidad donde entró». Me preocupa cuando veo que asumen una postura pasiva y deciden esperar a ver quiénes se «estrellan y vuelven como hijos pródigos» sin hacer nada para prevenirlo, pues esa resignación habla de la necesidad de romper fortalezas mentales sobre los universitarios y de llevar a los líderes a ver lo que Dios ve, despertando así un liderazgo activo y asertivo, que en lugar de esperar sirva de medicina preventiva.


Y por último, otra razón por la que creo que este ministerio es tan importante, es porque conozco líderes de jóvenes increíbles que están intimidados y acobardados de solo pensar con trabajar en esta edad. Esto me hace discernir que el plan del diablo es traer sobre el líder inseguridades y miedos para que vean los problemas de esta edad como gigantes a los que no pueden hacerle frente. Literalmente me han dicho algunos: «No puedo con ellos, creo que es mejor salir corriendo». Creo que el diablo cuando ve lo que se puede hacer con una vida, coloca obstáculos para que no la ayudemos; y he visto que cuando identificamos ese plan y quitamos las prevenciones y sentimientos de rechazo es increíble cómo se abre el cielo y Dios nos sopla las estrategias para ganar su corazón. El rechazo hacia esta edad evita que tengamos el corazón de amor de Dios, el discernir esto, nos permitirá hacer cambios y avanzar en el trabajo ministerial universitario.


Si la iglesia, y en especial nosotros que tenemos la carga, no aprovechamos la tremenda oportunidad que tenemos de trabajar con inteligencia en esta etapa tan crucial de la vida, podemos estar seguros de que el enemigo sí tendrá un plan con ellos, y de hecho, si miras la sociedad de consumo con agudeza notarás que lleva años trabajando en su «ministerio a los universitarios».


Para ilustrarlo, te cuento algo que me movió todas mis fibras íntimas al saberlo. Hace unos años hubo en dos universidades públicas de Bogotá una semana de protestas más fuertes que las habituales, las cuales terminaron en un gran número de heridos, explosiones, disturbios, agresiones, bloqueos en vías públicas y un caos terrible. En los videos publicados por los noticieros se veía un gran número de estudiantes armados, lo que hizo que todo fuera más complejo y que los escuadrones antimotines de la policía tuvieran que intervenir con mayor fuerza para controlar la situación. En medio de las investigaciones que se hicieron con los detenidos, se supo que hacía años la guerrilla se había infiltrado en varias facultades de estas universidades y que tenía grupos y líderes estudiantiles que, en paralelo a su estudio, ya eran militantes de este grupo fuera de la ley. Estos universitarios no solo seguían su filosofía anarquista sino que estaban convocando y entrenando a otros en el uso de armas, microtráfico de drogas y extorsión, entre otros delitos. En una entrevista realizada a un exguerrillero escuché cómo éste confesaba que la instrucción recibida por los comandantes era hacerse pasar por estudiantes, ganar la confianza de aquellos que fueran inteligentes y sobre todo inquietos en su personalidad (que dejaran ver liderazgo), y llevarlos poco a poco a identificarse con la ideología política de su movimiento guerrillero, pues la visión a largo plazo era consolidarse en la ciudad. Cuando el periodista le preguntó sobre la razón por la cual reclutaban estudiantes, me impresionó la seguridad con la que respondió. Dijo que eran estos jóvenes los que aseguraban que la revolución siguiera en el futuro y que era el mejor momento de formarlos y agruparlos.


Nunca olvidaré lo palpable que fue para mí oír esa respuesta. Fue muy claro ver cómo el mundo y el enemigo tienen claro el potencial de un joven universitario y eso hace que diseñen con tiempo estrategias para formarlos o, mejor dicho, deformarlos. La pregunta es: ¿y nosotros vemos su potencial?, ¿los conocemos?, ¿estamos siendo estratégicos para llegar a ellos y acercarlos a la verdad para que sean entes de cambio e impacto en nuestra nación pero para bien?


Mi deseo es ganarle al diablo lo que por años ha querido hacer con esta edad. Estoy convencida de que Dios sabe lo importantes que son, los ama y tiene planes con ellos para que transformen este mundo; pero Él también sabe que si quedan plantados en su verdad, no solo su carácter marcará una diferencia en su rol profesional, sino que a futuro serán matrimonios y familias con fundamentos claros en la verdad de Su Palabra, y que extenderán a la nueva generación un linaje santo y apasionado por él.


¿No crees que es tiempo de hacer algo por ellos y con ellos ?



 

Extracto del libro 7 secretos que todo líder de universitarios debe saber de Natalia Nieto. Editorial e625

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